
Clase del Sol, Infantil 5 Años (Tutora: Laura H.; DJs extra: Víctor y Nacho)
Cuando entramos en el Aula de Música, en una academia o al Conservatorio solemos empezar con Do, Re, Mi,… con la flauta, el pentagrama y compositores con peluca. Eso es lo que llamamos Música Culta Occidental y es maravillosa. Pero el mundo suena mucho más ancho.
Existe otra forma de entender la Música que no nace de estudiosos, sino en la plaza del pueblo, en un ritual, en la jornada de trabajo o alrededor del fuego. Es la Música Étnica, también llamada música tradicional, folklórica o de raíz. Y si queremos formar oídos completos y ciudadanos empáticos, tenemos que escucharla.
La Música Étnica es la expresión sonora de la identidad de un pueblo, su DNI musical. No la compone una sola persona para ser interpretada en un auditorio. La crea y la transforma una comunidad entera a lo largo de siglos.
Tiene tres rasgos que la definen. El primero es la transmisión oral: se aprende escuchando e imitando a los mayores, sin partitura de por medio. Por eso una misma jota puede sonar distinta en Teruel que en Soria. La música vive porque cambia y se adapta a quien la canta. El segundo es su función social: no es el arte por el arte. Sirve para algo concreto: para acompañar el trabajo en el campo, para celebrar una boda, para dormir a un niño, para rezar o para contar las historias del pueblo. La música no se separa de la vida, forma parte de ella. Y el tercero es la instrumentación local: utiliza los materiales que ofrece el entorno. Si hay caña, se construye una flauta; si hay piel de cabra, nace un tambor; si hay tripas de animal, aparecen las cuerdas… De ahí surge la increíble variedad de timbres que tiene el planeta. En definitiva, es la banda sonora que cada cultura ha compuesto para acompañar su forma de vivir.
Así pues, para entender por qué un canto gregoriano no suena igual que un ‘canto de garganta tuvan’, hay que comparar estas dos grandes familias musicales. No es que una sea mejor que la otra. Simplemente juegan con reglas distintas y buscan cosas diferentes. La primera gran diferencia está en el origen y la autoría. La Música Culta Occidental tiene nombre y apellido: Bach, Mozart, Falla. La obra pertenece a un compositor concreto que la firma. La Música Étnica, en cambio, es anónima y colectiva; es del pueblo y para el pueblo. Nadie la firma porque todos la han ido moldeando con el tiempo.
También cambia la forma en que se transmite. La Música Culta se escribe con una precisión milimétrica en una partitura. El objetivo es que una orquesta pueda tocarla dentro de 300 años exactamente igual a como la pensó su autor. La Música Étnica no usa partitura, se memoriza, se improvisa y se recrea en cada interpretación. Por eso está viva y en constante evolución. Un ejemplo lo deja claro: Beethoven escribió su «9ª Sinfonía» para que sea eterna e inmutable. Una ‘muñeira’ gallega existe para que la gente baile hoy. Y si mañana alguien le añade un paso nuevo, bienvenido sea. Esa es su fuerza.
Su objetivo también es distinto. La Música Culta nace con una finalidad principalmente estética. Se compone para ser escuchada con atención en un teatro, una sala de conciertos o una iglesia. La Música Étnica es funcional. No se crea solo para escucharla, sino para hacer algo con ella: bailar, trabajar, celebrar, acompañar un rito. Su espacio natural es la calle, el campo o la fiesta popular.
Por último, el lenguaje musical cambia por completo. La Música Culta Occidental se organizó durante siglos en torno al sistema tonal, con escalas mayores y menores y compases regulares como el 2/4, el 3/4 o el 4/4. La Música Étnica se mueve en otros mundos. Utiliza modos antiguos, escalas con microtonos que no existen en nuestro piano, y ritmos libres o ciclos rítmicos complejísimos que no encajan en nuestros compases. Son notas que a nuestro oído educado en lo occidental le pueden sonar “desafinadas”, pero que para otra cultura contienen toda la emoción.
5 culturas que reconocerás al instante:
El planeta tiene miles de sonoridades. Estas cinco son una puerta de entrada perfecta para empezar a educar el oído a otros mundos sonoros:
África Occidental. El reino del ritmo:
Aquí el ritmo es el jefe. Lo característico es la polirritmia: se superponen varias percusiones a la vez, cada una con un patrón distinto, creando un tejido rítmico increíblemente complejo. Es una conversación entre tambores. Suena a djembé, a dun-dun, al balafón y a voces que usan la estructura de llamada y respuesta. Para identificarla, escucha cualquier pieza de música «mandinga«. El sonido de la kora, un arpa-laúd de 21 cuerdas, es inconfundible. Artistas como Toumani Diabaté, Fela Kuti, Angelique Kidjo o Youssou N’Dour son la mejor referencia de la difusión de esta tradición sonora.
India. La música del instante:
Su sistema se basa en el raga, que es mucho más que una escala. Es una fórmula melódica que expresa un estado de ánimo y se asocia a una hora del día o una estación. Sobre el raga, el músico improvisa durante horas, acompañado por un tala, que es un ciclo rítmico. Suena a sitar con su timbre metálico y vibrante, a tabla y a voces con adornos larguísimos llamados melismas. Si la escuchas y sientes que el tiempo se estira, vas bien. Ravi Shankar es el nombre imprescindible, pero sin olvidar a Lata Mangeshkar, Bhimsen Joshi o A.R. Rahman, que han continuado la rica tradición musical de la India.
Mundo Árabe. Las notas entre las notas:
La música árabe clásica se organiza en el sistema maqam. Usa escalas que incluyen microtonos, esos sonidos que están entre las teclas blancas y negras de nuestro piano. Para nuestro oído pueden resultar extraños, pero en esa pequeña distancia está toda su expresividad. Suena a oud, el laúd árabe, a qanun, una especie de cítara, al ney, una flauta de caña, y al derbake. Las melodías son muy ornamentadas y con un aire nostálgico. Escucha un taqsim, que es una improvisación libre con oud, la voz legendaria de Umm Kulthum, o algún tema de Fairuz o Abdel Halim Hafez para entenderlo.
Los Andes. El sonido del aire y la montaña:
La música andina está marcada por la escala pentatónica de cinco notas, que le da ese carácter que nos suena a la vez melancólico y festivo. La presencia del viento y la montaña se siente en sus instrumentos. Suena a quena y a zampoña, flautas de caña de distintos tamaños, y a charango, un pequeño instrumento de cuerda tradicionalmente hecho con caparazón de armadillo. Para reconocerla, busca un huayno o un carnavalito. El grupo Los Kjarkas es el referente mundial, pero gran legado también tienen Los Indios Tabajaras, Chaqueño Palavecino, Pastorita Huaracina, Víctor Jara o Mercedes Sosa, recogiendo estos últimos algunos de los hitos de su tierra para seguir prolongando su vida.
Nuestra casa, la Península Ibérica:
Y no hace falta irse lejos para encontrar Música Étnica de primer nivel. España es una potencia. Cada comunidad autónoma tiene su propio acento sonoro. Suena a la cadencia y el quejío del flamenco, con su cajón, su guitarra y sus palmas. Suena al compás vivo de la jota aragonesa con sus castañuelas y bandurrias. Suena a la gaita de la ‘muñeira’ gallega llamando al baile, o al txistu y el tamboril del País Vasco. Tenemos la suerte de tener un mapa musical inmenso sin salir de casa.
Y, evidentemente, además de estas cinco comunidades sonoras tan reconocibles, existen otras muchas identidades musicales que serían reconocibles con solo unos segundos de escucha o visualización: la música de los indios norteamericanos, los ritmos afro-caribeños, la música celta, la música de los balcanes o el resto de folklores mediterráneos o centroeuropeos, las sonoridades nórdicas y árticas, la música de Asia Central, la tradición oriental, la cultura musical de los monjes tibetanos, las tribus de Oceanía, la música hawaiana,… y en definitiva, donde hay humanos, desde el principio de los tiempos, ha habido MÚSICA.
Estudiar Música Étnica es una clase de Geografía, Historia y Valores a la vez. Cuando alguien distingue un sitar (India) de un oud (laúd árabe), no solo está educando el oído: está entendiendo que no hay una única forma “correcta” de afinar, de cantar o de sentir; descubre que la «belleza» tiene muchos acentos y que para bailar, para llorar o para celebrar; que cada cultura ha inventado sus propias reglas. Abrir el oído a estas músicas es abrir una ventana al mundo y, sobre todo, aprender a respetarlo y a disfrutarlo.

31. Playing for Change «Chandamama» (Songs around the world) [India]
Elegida por Víctor (1ª semana de mayo)
Este mes en el cole… ¡nos vamos de viaje sin salir del patio! Empezamos la aventura de la Música Étnica con una canción muy especial: «Chandamama». Viene de la India y es una canción que muchos niños y niñas escuchan allí desde pequeños. ¿Sabéis qué significa “Chandamama”? ¡Algo así como “la Luna” convertida en un personaje cercano y mágico! Si prestáis atención, veréis que suena suave, rítmica… casi como si nos estuviera contando un cuento.
He elegido esta canción porque me encanta la idea de descubrir que, aunque vivamos en sitios muy diferentes, hay cosas que todos compartimos: cantar, imaginar y mirar a la Luna. Durante este mes iremos conociendo músicas de otros lugares del mundo, con sonidos distintos y curiosos… ¡así que abrid bien los oídos en el patio! Quién sabe, quizá vuestra próxima canción favorita venga de muy, muy lejos. (VÍDEO)

32. Elefthería Arvanitáki «Dinatá» [Grecia]
Elegida por Nacho (2ª semana de mayo)
He elegido la canción «Dinatá», de Elefthtéria Arvanitáki, una gran artista griega, porque me gusta escuchar música de países y culturas diferentes. Esta canción trata sobre la resiliencia y la posibilidad de superar los obstáculos y hacer que las cosas sucedan. «Dinatá» significa «posible» o «fuerte». A mí me gusta porque es una invitación a subir el ánimo y la positividad. De hecho, sonó en la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Atenas 2004.
Pero especialmente me recuerda a otra ceremonia más cercana: este tema sonó en mi boda. Recuerdo las luces apagadas, la canción comenzó a escucharse en la oscuridad, entonces fueron apareciendo mecheros, bengalas y el fuego acompañando el cordero. Un momento muy celebrado y de mucha felicidad para mí. Espero que genere un sentimiento parecido a lo que siento yo cuando la escucho. (VÍDEO)

33. Mikeeysmind, Chill77 & Unjaps «Papaoutai (Afro Soul cover, from Stromae)» [África]
Elegida por Laura (3ª semana de mayo)
“Papaoutai”, de Stromae, es una de esas canciones que te atrapan desde el principio, que te levantan el ánimo con un ritmo frenético y un estribillo muy pegadizo. Musicalmente, esta versión mezcla pop electrónico con influencias de dance y ritmos africanos, creando un sonido muy bailable. Pero también es uno de esos temas que ganan todavía más peso cuando entiendes lo que hay detrás.
El título -una contracción de “Papa, où t’es?” (“Papá, ¿dónde estás?”)- ya deja claro su eje emocional, pues la letra gira en torno a la ausencia del padre, inspirada en la propia historia de Stromae, cuyo padre murió. Transmite la confusión y el vacío que deja el crecer sin una figura paterna, especialmente desde la mirada de un niño.
En resumen, “Papaoutai” me gusta por dos aspectos fundamentales: como hit bailable y fácil de disfrutar y como canción cargada de significado. (VÍDEO) (VÍDEO de la canción original)

34. Douzi «Ana Maghrabi»
Elegida por las familias y la Clase del Sol, Inf. 5 (4ª semana de mayo)
Durante el mes de mayo, algunas familias de la Clase del Sol (Inf. 5) realizaron propuestas de canciones étnicas que pensaban que debían estar en el listado que más tarde se preparó para que todos ellos pudieran votar por sus favoritas. Estamos muy agradecidos por esas propuestas tan diversas, que aportaron música de raíz europea, árabe, centroafricana, mexicana, andina y brasileira, y por participar en la votación. Dicha votación de las familias dejó como finalistas (las 3 más votadas) a:
-Douzi «Ana Maghrabi» (VÍDEO)
–Konstantinos Argiros «Eleftheros» https://youtu.be/0Z1W4pGJJ14?si=USvAu47ErD7CbOup
–Tribalistas «Já sei namorar» https://www.youtube.com/watch?v=1pJ3pI2kQes
Y fue entonces cuando los niños y niñas de la clase tuvieron la decisión en sus manos, escuchando las tres candidatas y votando por su preferida, que por aplastante mayoría, fue la del cantante Douzi, quien con esta canción (que traducida se titula «Soy marroquí») hizo un gran homenaje a su país, su cultura, su gente,… Su tema realzó un espíritu de identidad nacional y ahora se utiliza en celebraciones, bodas, competiciones deportivas e incluso fiestas oficiales. (VÍDEO)
No olvidéis que ya podéis escuchar la playlist que estaremos creando entre todos a lo largo del año, tanto en Spotify como en YouTube.
